Historia verdadera de la conquista de Nueva España

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Bernal Díaz del Castillo



Portada de la edición del Reyno, Madrid, 1632.

Capítulos:  1 a 28 29 a 56 57 a 84 85 a 112

Prólogo, de Bernal Díaz del Castillo.

Capítulo 1
Comienza la relación de la historia.

Capítulo 2
Cómo descubrimos la provincia de Yucatán.

Capítulo 3
Cómo seguimos la costa adelante hacia el poniente, descubriendo puntas y bajos y ancones y arrecifes.

Capítulo 4
Cómo Diego Velázquez, gobernador de la isla de Cuba, ordenó de enviar una armada a las tierras que descubrimos y fue Capitán General de ella un hidalgo que se decía Juan de Grijalva, pariente del dicho gobernador Velázquez y otros tres Capitanes que más adelante diré sus nombres.

Capítulo 5
De cómo llegamos al río de Tabasco, que le llaman río de Grijalva, y de lo que allí nos avino.

Capítulo 6
Cómo seguimos la costa adelante, hacia donde se pone el sol, y llegamos al río que llaman de Banderas, y lo que en él pasó que diré adelante.

Capítulo 7
Cómo llegamos (a) aquella isleta que ahora se llama San Juan de Ulúa. Y a qué causa se le puso aquél nombre. Y de lo que allí nos aconteció.

Capítulo 8
Cómo venimos con otra armada a las tierras nuevas descubiertas. Y por capitán de la armada el valeroso y esforzado Hernando Cortés, que después del tiempo andando fue Marqués del Valle y de las contrariedades que tuvo para estorbarle que no fuese capitán el dicho Hernando.

Capítulo 9
Cómo Diego Velázquez envió a un criado, que se decía Gaspar de Garnica, con mandamientos y provisiones para que en todo caso se prendiese a Don Hernando Cortés y se le tomase la armada.

Capítulo 10
Cómo Cortés se hizo a la vela con toda su compañía de caballeros y soldados para la isla de Cozumel, y de lo que allí nos avino luego diré.

Capítulo 11
Cómo Cortés supo de dos españoles que estaban en poder de indios en la Punta de Cotoche, y sobre lo que ello se hizo. Y de otras cosas.

Capítulo 12
Cómo Cortés repartió los navío y señaló capitanes para ir en ellos. Y así mismo se dió la instrucción de lo que habían de hacer los pilotos, y las señales de los faroles de noche y otras cosas más que en aquellos lugares acontecieron.

Capítulo 13
Cómo el español que estaba en poder de los indios (que) se llamaba Jerónimo de Aguilar, supo cómo habíamos arribado a Cozumel, y que luego se vino a nuestro real. Y lo que después aconteció.

Capítulo 14
Cómo llegamos al río de Grijalva, que en lengua de indios llaman Tabasco, y de la guerra que nos dieron y de lo que más con ellos aconteció.

Capítulo 15
Cómo vinieron a hablar con Hernando Cortés todos los caciques y calachonis del río Grijalva, y trajeron un presente. Y lo que sobre ello pasó.

Capítulo 16
Cómo Doña Marina era cacica e hija de grandes señores de pueblos y vasallos, y de la manera que la dicha Doña Marina fue traída a Tabasco.

Capítulo 17
Cómo llegamos con todos los navíos a San Juan de Ulúa. Y de lo que ahí nos aconteció luego.

Capítulo 18
Cómo fue tendile a hablar con Montezuma y a llevar presentes, y lo que se hizo en nuestro real.

Capítulo 19
Cómo alzamos a Hernando Cortés por Capitán General y Justicia Mayor de estas tierras hasta que su majestad mandase lo que hubiere menester y conviniera. Y de lo que en ello se hizo.

Capítulo 20
Cómo acordamos de poblar la Villa Rica de la Vera Cruz y de hacer una fortaleza en unos prados, junto a unas salinas y cerca del puerto del nombre feo, donde estaban anclados nuestros navíos, y de otras cosas más que allí se hicieron.

Capítulo 21
Cómo Cortés mandó hacer un altar y se puso una imagen de Nuestra Señora y una cruz, y se dijo la santa misa y se bautizaron las ocho indias.

Capítulo 22
Cómo volvimos a nuestra Villa Rica de la Vera Cruz, y de otras cosas más que allí sucedieron.

Capítulo 23
Cómo nuestros procuradores, con buen tiempo, desembocaron el Canal de Bahama y en pocos días llegaron a Castilla y lo que en la Corte les pasó.

Capítulo 24
Cómo después de que partieron nuestros embajadores en el real se hizo y la justicia que nuestro Capitán Cortés mandó que se hiciera.

Capítulo 25
De un razonamiento que Cortés hizo después de haber dado con los navíos de través, y (cómo) aprestábamos nuestra ida para México.

Capítulo 26
Cómo ordenamos de ir a la ciudad de México, y por concejo del cacique fuimos por Tlaxcala, y de lo que nos acaecio, asi de reencuentros de guerra como otras cosas quenos avinieron.

Capítulo 27
De las guerras y batallas muy peligrosas que tuvimos con los tlaxcaltecas y otras cosas más.

Capítulo 28
De la gran batalla que hubimos con el poder de los tlaxcaltecas, y quiso Dios Nuestro Señor que en ella hubiésemos victoria, y lo que más pasó.

Capítulo 29
Cómo otro día enviamos mensajeros a los caciques de Tlaxcala, rogándoles con la paz, y lo que sobre estas cosas y de otras ellos hicieron.

Capítulo 30
Cómo después que volvimos con Cortés de Zumpancingo con bastimentos, hallamos en nuestro real ciertas pláticas, y lo que Cortés respondió.

Capítulo 31
Cómo vino Xicotenga, Capitán General de Tlaxcala, a entender en las paces con Don Hernando.

Capítulo 32
Cómo vinieron a nuestro real los caciques viejos de Tlaxcala a rogar a Cortés y a todos nosotros que luego nos fuésemos con ellos a su ciudad para nos a entender, y lo que más pasó.

Capítulo 33
Cómo fuimos a la ciudad de Tlaxcala, y lo que los caciques viejos hicieron, de un presente que nos dieron, y cómo trajeron sus hijos y sobrinos.

Capítulo 34
Cómo fuimos a la ciudad de Cholula en doce de octubre de 1519 años. Y del gran recibimiento que nos hicieron los naturales de aquellas tierras.

Capítulo 35
Cómo el gran Montezuma nos envió otros embajadores con un presente de oro y mantas, y lo que dijeron a Cortés y lo que él les respondió.

Capítulo 36
Del grande y solemne recibimiento que nos hizo el gran Montezuma a Cortés y a todos nosotros en la entrada de la gran ciudad de Tenustitlán.

Capítulo 37
Cómo el gran Montezuma vino a nuestros aposentos con muchos caciques que le acompañaban, y de la plática que tuvo con nuestro Capitán.

Capítulo 38
De la manera y persona del gran Montezuma, y de cómo vivía y de cuán grande señor era.

Capítulo 39
Cómo nuestro Capitán salió a ver la ciudad de México y el Tatelulco, que es la plaza mayor, y el gran Cú de su Uichilobos.

Capítulo 40
Cómo hicimos nuestra Iglesia y altar en nuestro aposento, y una cruz fuera del aposento, y de lo que más pasamos, y hallamos la sala y recámara del tesoro del padre de Montezuma. Y de cómo tomamos acuerdo de prender al gran Montezuma.

Capítulo 41
Cómo fue la batalla que dieron los capitanes mexicanos a Juan de Escalante, y cómo le mataron a él y al caballo y a seis soldados y a muchos amigos indios totonaques que también murieron.

Capítulo 42
De la prisión del gran Montezuma y de otras cosas más que sobre dicha prisión nos acontecieron.

Capítulo 43
Cómo Cortés mandó hacer dos bergantines de mucho sostén y veleros para andar en la laguna, y cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le diese licencia para ir a hacer su oración a sus templos, y lo que Cortés le dijo. Y cómo le dió la licencia. Y otras cosas más que adelante diré.

Capítulo 44
Cómo los sobrinos del gran Montezuma andaban convocando y atrayendo a sí las voluntades de otros señores para venir a México y sacar de la prisión al gran Montezuma y echarnos de la gran ciudad de México y matarnos a todos nosotros.

Capítulo 45
Cómo volvieron los capitanes que nuestro Cortés había enviado para que viesen las minas y para sondar el río de Guazaqualco, y otras cosas más.

Capítulo 46
Cómo Cortés dijo al gran Montezuma que mandase a todos los caciques de toda su tierra que tributasen a Su Majestad, pues comunmente sabían que tenían oro. Y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 47
Cómo el gran Montezuma dijo a Cortés que le quería dar una hija de las suyas para que se casase con ella y lo que Cortés le respondió, y todavía la tomó, y la servían y honraban como era debido a hija de tan gran señor como era él.

Capítulo 48
Cómo el gran Montezuma dijo a nuestro Capitán Cortés que se saliese de México con todos los soldados, porque se querían levantar los caciques y los papas y darnos guerra hasta matarnos, porque así estaba acordado y dado consejo por sus ídolos. Y lo que se hizo sobre ello.

Capítulo 49
Cómo Pánfilo de Narváez llegó al puerto de San Juan de Ulúa, que se dice de la Veracruz, con toda su armada, y las cosas que sucedieron luego.

Capítulo 50
Cómo Pánfilo de Narváez envió con cinco personas de su armada a requerir a Gonzalo de Sandoval, que estaba por Capitán en la villa rica, que se diese luego con todos los vecinos de la dicha villa rica. Y lo que sobre ello acontecio.

Capítulo 51
Cómo Cortés, después de bien informado de quién era Capitán y quién y cuántos venían en la armada, y los pertrechos de guerra que traían, y de los tres nuestros falsos soldados que a Narváez se pasaron, escribió al Capitán y a otros sus amigos, especialmente (a) Andrés de Duero, secretario de Diego Velázquez. Y las palabras que le envió a decir Montezuma; y de cómo venía en aquella armada el licenciado Lucas Vázquez de Ayllon, oidor de la Audiencia Real de Santo Domingo, y la instrucción que traía.

Capítulo 52
Cómo llegó Juan Velázquez de León y un mozo de espuelas de Cortés, que se decía Juan del Río, al real de Pánfilo de Narváez, y lo que en el pasó.

Capítulo 53
Del concierto y orden que se dió en nuestro Real para ir contra Narváez, y del razonamiento que Don Hernando nos hizo y lo que le resolvimos.

Capítulo 54
Cómo Cortés envió al puerto al Capitán Francisco Lugo, y en su compañía dos soldados que habían sido maestres de navíos, para que luego trajesen allí a Cempoal todos los maestres y pilotos de los navíos y flota de Narváez y que les sacasen las velas y timones y agujas, porque no fuesen a dar mandado a la isla de Cuba a Diego Velázquez de lo acaecido. Y cómo puso almitante de la mar, y otras cosas que pasaron.

Capítulo 55
Cómo fuimos a grandes jornadas así Cortés con todos sus Capitanes y todos los de Narváez, excepto Salvatierra y Pánfilo de Narváez, que quedaron presos en la Villa Rica de la Vera Cruz.

Capitulo 56
Cómo nos dieron guerra en México, y los combates que nos daban, y otras cosas que pasamos.

Capítulo 57
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.

Capítulo 58
Después que fue muerto el gran Montezuma, acordó Cortés de hacerlo saber a sus Capitanes y principales que nos daban guerra. Y lo más que pasó.

Capítulo 59
Cómo fuimos a la provincia de Tepeaca y lo que en ella hicimos. Y otras cosas que pasamos.

Capítulo 60
Cómo vino un navío de Cuba que enviaba Diego Velázquez, que venía en él por Capitán Pedro Barba, y la manera que el almirante que puso nuestro Cortés por guarda de la mar tenía para prenderlos, y que es de esta manera.

Capítulo 61
Cómo aporto al peñol y puerto que esta junto a la Villa Rica de la Vera Cruz un navío de los de Francisco Garay, que había enviado a poblar el río Pánuco, y lo que sobre ello paso.

Capítulo 62
Cómo se recogieron todas las mujeres y esclavas y esclavos de todo nuestro Real que habíamos habido en aquello de Tepeaca y Cachula y Tecamachalco, y en Castil Blanco, y en sus tierras, para herrarse con el hierro que hicieron en nombre de Su Majestad. Y de lo que sobre ello paso.

Capítulo 63
Cómo demandaron licencia a Cortés los Capitanes y personas más principales de los que Narváez había traído en su compañía para volverse a la isla de Cuba, y Cortés se la dió, y se fueron, y cómo despachó Cortés embajadores para Castilla y para Santo Domingo y Jamaica. Y sobre lo que cada cosa acaecio.

Capítulo 64
Cómo caminamos con todo nuestro ejército camino de la ciudad de Tezcuco, y lo que pasó en el camino. Y otras cosas, que nos acontecieron.

Capítulo 65
Cómo fue Gonzalo de Sandoval a Tlaxcala por la madera de los bergantines, y lo que más en el camino hizo en un pueblo que le pusimos por nombre el pueblo morisco, y lo que más pasó.

Capítulo 66
Cómo se herraron los esclavos en Tezcuco y cómo vino nueva que había venido al puerto de la Villa Rica un navío, y los pasajeros que en él vinieron y otras cosas que pasaron dire adelante.

Capítulo 67
Cómo nuestro Capitán Cortés fue (a) una entrada y se rodeo de laguna y todas las ciudades y grandes pueblos que alrededor hallamos. Y lo que más pasó en aquella entrada y otras cosa dire.

Capítulo 68
De la gran sed que tuvimos en este camino, y del peligro en que nos vimos en Xochimilco con muchas batallas y reencuentros que con los mexicanos y con los naturales de aquella ciudad tuvimos, y de otros muchos reencuentros de guerras que hasta a volver a Tezcuco nos acaecieron.

Capítulo 69
Cómo de que llegamos con Cortés a Tezcuco con todo nuestro ejército y soldados de la entrada de rodear los pueblos de la laguna tenían concertado entre ciertas personas de los que habían pasado con Narváez de matar a Cortés y todos los que fuésemos en su defensa, y quien fue primero autor de aquella chirinola fue uno que había sido de Diego Velázquez, gobernador de Cuba, el cual soldado Cortés le mandó ahorcar por sentencia, y cómo se herraron los esclavos y se apercibio todo el real y los pueblos de nuestros amigos, y se hizo alarde y ordenanzas, y otras cosas que mas pasaron allí como adelante dire.

Capítulo 70
Cómo Cortés mandó a todos los pueblos nuestros amigos que estaban cercanos de Tezcuco que hiciesen almacen de saetas y casquillos de cobre para ellas, y lo que en nuestro real se ordeno.

Capítulo 71
Cómo se hizo alarde en la ciudad de Tezcuco en los patios mayores de aquella ciudad, y los de a caballo y ballesteros y escopeteros y soldados que se hallaron, y las ordenanzas que se pregonaron, y otras cosas más que se hicieron allí.

Capítulo 72
Cómo Cortés mandó que fuesen tres guarniciones de soldados a caballo y ballesteros y escopeteros por tierra a poner cerco a la gran ciudad de México, y los capitanes que nombró ara cada guarnición, y los soldados y de a caballo y ballesteros y escopeteros que les repartió, los sitios en que sentaríamos nuestros reales.

Capítulo 73
Cómo Cortés mandó repartir los doce bergantines, y mandó se sacase gente del más pequeño bergantín, el busca ruido, y lo que más pasó.

Capítulo 74
De la manera que peleamos, y de muchas batallas que los mexicanos nos daban. Y las pláticas que con ellos tuvimos, y de cómo nuestros amigos se nos fueron a sus pueblos y de otras cosas más.

Capítulo 75
Cómo Cortés envió tres principales mexicanos que se habían prendido en las batallas pasadas a rogar a Guatemuz que tuviésemos paces, y lo que Guatemuz respondió. Y de otras cosas que pasaron.

Capítulo 76
Cómo Guatemuz tenía concertado con las provincias de Mataltzingo y Tulapa y Malinalco y otros pueblos que le viniesen a ayudar y diesen ennuestro real, que es el de Tacuba, y en el de Cortés, y que saldría todo el poder de México, entretanto que peleasen con nosotros, y nos darían por las espaldas. Y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 77
Cómo Gonzalo de Sandoval entro con los doce bergantines a la parte que estaba Guatemuz y se prendió. Y de todo lo más que sobre ello paso.

Capítulo 78
Cómo después de ganada la muy gran ciudad de México y preso Guatemuz y sus capitanes, lo que don Hernando mando que en ello se hiciese.

Capítulo 79
Cómo vinieron cartas a Cortés como en el puerto de la Veracruz había llegado Cristobal de Tapia con dos navíos, y traía provisiones de Su Majestad para que gobernase la Nueva España. Y lo que sobre ello se acordo y luego se hizo.

Capítulo 80
Cómo Gonzalo de Sandoval Llegó con su ejército a un pueblo que se dice Tustepeque, y lo que allí hizo, y después pasó a Guazacualco, y todo lo más que le vino; entiéndase que uno es Tustepeque y que otro es Tututepeque, que son dos.

Capítulo 81
Cómo vino Francisco de Garay de Jamaica con grande armada para Pánuco, y lo que acontecía. Y muchas cosas que pasaron que luego dire.

Capítulo 82
Cómo Cortés envió a Pedro de Alvarado a la provincia de Guatemala para que poblase una villa y los atrajese de paz, y lo que sobre ello se hizo.

Capítulo 83
Cómo Cortés envió una armada para que pacificase y conquistase las provincias de Hibueras y Honduras, y envió por capitán a Cristobal de Olid. Y otras cosas que pasaron diré adelante.

Capítulo 84
Cómo fueron ante Su Majestad Pánfilo de Narváez y Cristobal de Tapia y un piloto que se decía Gonzalo de Imbria, y otro soldado que se llamaba Cárdenas, y con favor del Obispo de Burgos, y aunque no tenía cargo de entender en cosas de Indias, que ya le habían quitado el cargo y se estaba en Toro, todos los por mi memorados dieron ante Su Majestad el Emperador muchas quejas de Cortés, y lo que sobre ello pasó diré adelante.

Capítulo 85
En lo que Cortés entendio después que le vino la gobernación de la Nueva España, cómo y de qué manera repartió los pueblos de indios, y otras cosas que pasaron. Y una manera de platicar entre personas doctas que sobre ello dijeron.

Capítulo 86
Cómo el capitán Hernando Cortés envió a Castilla a Su Majestad ochenta mil pesos en oro y plata, y envió un tiro que era una culebrina muy ricamente labrada de muchas figuras, y en toda ella, y en la mayor parte, era de oro bajo revuelto con plata de Michoacán, que por nombre se decía El Fenix, y también envió a su padre, Martín Cortés, sobre cinco mil pesos de oro. Y de otras cosas que sobre ello avino adelante diré.

Capítulo 87
Cómo vinieron al puerto de la Veracruz doce frailes franciscos de muy santa vida, y venía por su vicario y guardian fray Martín de Valencia, y era tan buen religioso que había fama que hacía milagros; era natural de una villa de tierra de campos que se dice Valencia de don Juan. Y sobre lo que en su venida el capitán Cortés hizo.

Capítulo 88
Cómo sabiendo Cortés que Cristobal de Olid se había alzado con la armada y había hecho compañía con Diego Velázquez, gobernador de Cuba, envió contra él a un capitán que se decía Francisco de las Casas. Y lo que sucedió diré luego.

Capítulo 89
Cómo Hernando Cortés salió de México para ir camino de las Hibueras en busca de Cristobal de Olid y de Francisco de las Casas y de los demás capitanes y soldados que envió; y de los caballeros y que capitanías sacó de México para ir en su compañía, y del aparato y servicio que llevó hasta llegar a la villa de Guazcualco. Y de otras cosas que pasaron y lo que luego se hizo.

Capítulo 90
De lo que Cortés ordenó después que se volvió el factor y veedor a México, y del trabajo que llevamos en el largo camino, y de los grandes puentes que hicimos, y hambre que pasamos en dos años y tres meses que tardamos en el viaje.

Capítulo 91
En lo que Cortés entendió después de llegado a Acala, y como en otro pueblo más adelante, sujeto al mismo Acala, mando ahorcar a Guatemuz, gran cacique de México, y a otro cacique, señor de Tacuba, y la causa por qué. Y otras cosas más que pasaron sobre ello que diré adelante.

Capítulo 92
Cómo Cortés entró en la villa adonde estaban poblados los de Gil de Avila, y de la gran alegría que los vecinos hubieron, y lo que Cortés ordenó.

Capítulo 93
Cómo Cortés se embarcó con todos los soldados, cuantos había traido en su compañía y los que habían quedado en San Gil de Buena Vista, y fue a poblar a donde ahora llaman Puerto de Caballos, y le puso nombre La Natividad, y otras cosas que pasaron y que diré lo que allí se hizo.

Capítulo 94
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval comenzó a pacificar aquella provincia de Naco, y lo que más se hizo. Y de otras cosas más que pasaron.

Capítulo 95
Cómo Cortés desembarcó en el Puerto de Trujillo, y cómo todos los vecinos de aquella villa lo salieron a recibir y se holgaron mucho de que hubiera ido. Y de lo más que allí hizo Cortés.

Capítulo 96
Cómo el capitán Gonzalo de Sandoval, que estaba en Naco, prendió a cuarenta soldados españoles que venían de a provincia de Nicaragua y hacían mucho daño y robos a los indios de los pueblos por donde pasaban. Y otras cosas más.

Capítulo 97
Cómo el Licenciado Zuazo envió una carta desde la Habana al capitán Hernando Cortés, y lo que esa carta contenía es lo que ahora diré.

Capítulo 98
Cómo yendo Cortés por la mar la derrota de México tuvo tormenta y dos veces tornó (a) arribar al Puerto de Trujillo, y lo que allí le avino.

Capítulo 99
Cómo Cortés envió un navío a la Nueva España y por capitán de él a un criado suyo que se decía Martín Dorantes, y con cartas y poderes para que gobernasen Francisco de las Casas y Pedro de Alvarado, si allí estuviesen, y si no que gobernase Alonso Estrada y Albornoz, hasta él volver.

Capítulo 100
Cómo el tesorero con otros muchos caballeros rogaron a los frailes franciscos que enviasen a un fray Diego Altamirano, que era deudo de Cortés, que fuese en un navío a Trujillo y lo hiciese venir, y lo que en ello sucedió diré luego.

Capítulo 101
Cómo Cortés se embarcó en la Habana para ir a la Nueva españa y con buen tiempo llego a la Veracruz, y de las alegrias que todos hicieron con su venida a estas tierras, y lo que luego paso.

Capítulo 102
Cómo vinieron cartas a Cortés de España del Cardenal de Sigüenza, don Garcia de Loaisa, que era a Castilla, y le trajeron nuevas que era muerto su padre, Martín Cortés, y el pesar que de ello tuvo, y otras cosas.

Capítulo 103
Cómo entretanto que Cortés estaba en Castilla con el título de Marqués del Valle vino la Real Audiencia a Nueva España y en lo que entndio.

Capítulo 104
Cómo llegó la Real Audiencia a la Nueva españa y lo que se hizo muy justificadamente en México.

Capítulo 105
Cómo vino don Hernando Cortés, Marqués del Valle, de España, casado con la señora doña Juana de Zuñiga y con título de Marqués del Valle y Capitán General de la Nueva España y de la Mar del Sur, y del recibimiento que aquí se le tributo.

Capítulo 106
De los gastos que el Marqués don Hernando Cortés hizo en las armadas que envió a descubrir y cómo en lo demás que hizo no tuvo ventura.

Capítulo 107
Cómo en México se hicieron grandes fiestas y banquetes y alegria de las paces del cristianisimo emperador Nuestro Señor, de gloriosa memoria, con el rey don Francisco de Francia, cuando las vistas que tuvieron sobre Aguas Muertas.

Capítulo 108
De lo que el Marqués del valle don Hernando Cortés hizo después que estuvo en Castilla.

Capítulo 109
De las cosas que aquí van declaradas cerca de los méritos que tenemos los verdaderos conquistadores, las cuales serán apacibles de oirlas.

Capítulo 110
Cómo los indios de toda la Nueva España tenían muchos sacrificios y torpedades, y se los quitamos y les impusimos en las cosas santas de la fe.

Capítulo 111
Cómo pusimos en muy buenas y santas doctrinas a los indios de la Nueva España, y de su conversión, y de cómo se bautizaron y volvieron a nuestra santa fe, y les enseñamos oficios que se usan en Castilla y a tener y administrar justicia.

Capítulo 112
De otras cosas y provechos que se han seguido de nuestras ilustres conquistas y duros trabajos.

Capítulo 68
De la gran sed que tuvimos en este camino, y del peligro en que nos vimos en Xochimilco con muchas batallas y reencuentros que con los mexicanos y con los naturales de aquella ciudad tuvimos, y de otros muchos reencuentros de guerras que hasta a volver a Tezcuco nos acaecieron.

Pues como caminamos para Xochimilco, que es una gran ciudad, y toda la más de ella están fundadas las casas en la laguna de agua dulce, y estará de México obra de dos leguas y media, pues yendo por nuestro camino con gran concierto y ordenanza, como lo teníamos de costumbre, fuimos por unos pinares y no había agua en todo el camino; y como íbamos con nuestras armas a cuestas y era ya tarde y hacía gran sol, aquejábanos mucho la sed y no sabíamos si había agua adelante, y habíamos andado dos o tres leguas, ni tampoco teníamos certinidad qué tanto estaba de allí un pozo que nos decían que había en el camino. Y como Cortés así vió todo nuestro ejército cansado, y los amigos tlaxcaltecas se desmayaron y se murió uno de ellos de sed, y un soldado de los nuestros, que era viejo y estaba doliente, me parece que también se murió de sed, acordó Cortés de parar a la sombra y cava de unos pinares, y mandó a seis de a caballo que fuesen adelante camino de Xochimilco y que viesen qué tanto de allí había poblazón o estancias, o el pozo que tuvimos noticia que estaba cerca, para ir a dormir a él. Y cuando fueron los de (a) caballo, que eran Cristóbal de Olid y un Valdenebro y Pedro González de Trujillo, y otros muy esforzados varones, acordé yo de apartarme en parte que no me viese Cortés ni los de caballo con tres naborias míos tlaxcaltecas, bien esforzados y sueltos, y fuí en pos de ellos hasta que me vieron ir tras ellos y me aguardaron para hacerme volver, no hubiese algún rebato de guerreros mexicanos donde no me pudiese valer. Yo todavía porfié a ir con ellos, y Cristóbal de Olid; como era yo su amigo, dijo que fuese y que aparejase los puños a pelear y los pies a ponerme en salvo si había reencuentros de mexicanos. Y era tanta la sed que tenía, que aventuraba mi vida por hartarme de agua. Y pasando obra de media legua adelante había muchas estancias y caserías de los de Xochimilco, en unas laderas de unas serrezuelas. Entonces los de a caballo se apartan para buscar agua en las casas; y la hallaron, y se hartaron de ella, y uno de mis tlaxcaltecas me sacó de una casa un gran cántaro, que así los hay grandes cántaros en aquella tierra, de agua muy fria de que me harté yo y ellos; y entonces acordé desde allí de volverme donde estaba Cortés reposando, porque los moradores de aquellas estancias ya comenzaban a apellidar y nos daban gritos y silbos; y traje el cántaro lleno de agua con los tlaxcaltecas, y hallé a Cortés que comenzaba a caminar con su ejército.

Quiero ahora decir que están muchas ciudades las unas de las otras, cerca de la gran ciudad de México, obra de dos leguas, porque Xochimilco y Coyoacán y Húichilubusco e Iztapalapa y Cuedlavaca y Mezquique y otros tres o cuatro pueblos que están poblados los más de ellos en el agua, que están a legua y media o dos leguas los unos de los otros, y de todos ellos se habían juntado allí en Xochimilco muchos indios guerreros contra nosotros. Pues volvamos a decir que como llegamos (a) aquel gran pueblo y estaba despoblado y está en tierra llana, acordamos de reposar aquel día y otro porque se curasen los heridos y hacer saetas, porque bien entendido teníamos que habíamos de haber más batallas antes de volver a nuestro real, que era en Tezcuco. Y otro día muy de mañana comenzamos a caminar, con el mismo concierto que solíamos llevar, camino de Tacuba, que está de donde salimos obra de dos leguas; y en el camino salieron en tres partes muchos escuadrones de guerreros, y, todas tres las resistimos; y los de a caballo los seguían por tierra llana hasta que se acogían a los esteros y acequias.

Y yendo por nuestro camino de la manera que he dicho, apartóse Cortés con diez de a caballo a echar una celada a los mexicanos que salían de aquellos esteros y salían a dar guerra a los nuestros y llevó consigo cuatro mozos de espuelas, y los mexicanos hacian que iban huyendo, y Cortés con los de a caballo y críados siguiéndoles; y cuando miró por sí, estaba una gran capitanía de contrarios puestos en celada y dan en Cortés y en los de a caballo, que les hirieron los caballos, y si no dieron vuelta de presto, allí quedaran muertos o presos, por manera que apañaron los mexicanos dos de los soldados mozos de espuelas de Cortés, de los cuatro que llevaba, y vivos les llevaron a Guatemuz y los sacrificaron. Dejemos de hablar de este desmán y digamos cómo ya habíamos llegado a Tacuba con nuestras banderas tendidas, con todo nuestro ejército y fardaje, y todos los demás de a caballo habían llegado, y también Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid, y Cortés no venía con los diez de a caballo que llevó en su compañía, tuvimos mala sospecha no le hubiese acaecido algún desmán; y luego fuimos con Pedro de Alvarado y Cristóbal de Olid en su busca, con otros de a caballo, hacia los esteros adonde le vimos apartar, y en aquel instante vinieron los otros dos mozos de espuelas que habían ido con Cortés, que se escaparon, que se decían el uno Monroy y el otro Tomás de Rijoles, y dijeron todo lo por mí memorado, y que ellos por ser ligeros se escaparon; y que Cortés y los demás que se venían poco a poco, porque traen los caballos heridos. Y estando en esto viene Cortés, con lo cual nos alegramos, puesto que él venía muy triste y como lloroso. Llamábanse los mozos de espuelas que llevaron a México a sacrificar, el uno Francisco Martín Vendaval, y este nombre de Vendaval se le puso por ser algo loco, y el otro se decía Pedro Gallego.

Pues como allí llegó a Tacuba llovía mucho, y reparamos cerca de dos horas en unos grandes patios, y Cortés con otros capitanes y el tesorero Alderete, que venía malo, y el fraile Molgarejo y otros muchos soldados subimos en (el) alto cú de aquel pueblo, que desde él se señoreaba muy bien la ciudad de México, que está muy cerca, y toda la laguna y las más ciudades por mí memoradas, que están pobladas en el agua. Y después que el fraile y el tesorero Alderete vieron tantas ciudades y tan grandes, y todas asentadas en el agua, estaban admirados; pues desde que vieron la gran ciudad de México y la laguna y tanta multitud de canoas, que unas iban cargadas con bastimentos y otras andaban a pescar, y otras vacías, mucho más se espantaron y dijeron que nuestra venida en esta Nueva España que no era cosa de hombres humanos, sino que la gran misericordia de Dios es que nos tenía y amparaba, y que otras veces han dicho que no se acuerdan haber leido en ninguna escritura que hayan hecho ningunos vasallos tan grandes servicios a su rey como son los nuestros, y que ahora lo dicen muy mejor, y que de ello harían relación a Su Majestad. Dejemos de otras muchas pláticas que allí pasaron, y cómo consolaba el fraile a Cortés por la pérdida de sus mozos de espuelas, que estaba muy triste por ellos, y digamos cómo Cortés y todos nosotros estábamos mirando desde Tacuba el gran cú de Uichilobos y el Tatelulco y los aposentos donde solíamos estar, y mirábamos toda la ciudad y las puentes y calzadas por donde salimos huyendo; y en este instante suspiró Cortés con una muy gran tristeza, muy mayor que la que antes traía, por los hombres que le mataron antes que en el alto cú subiese, y desde entonces dijeron un cantar o romance:


En Tacuba está Cortés
con su escuadrón esforzado,
triste estaba y muy penoso,
triste y con gran cuidado,
una mano en la mejilla
y la otra en el costado, etc.

Acuérdome que entonces le dijo un soldado que se decía el bachiller Alonso Pérez, que después de ganada la Nueva España fue fiscal y vecino en México: Señor capitán: no esté vuesa merced tan triste, que en las guerras estas cosas suelen acaecer, y no se dirá por vuesa merced:


Mira Nerón de Tarpeya
a Roma cómo se ardía ...

Y Cortés le dijo que ya veía cuántas veces había enviado a México a rogarles con la paz; y que la tristeza no la tenía por sola una cosa, sino en pensar en los grandes trabajos en que nos habíamos de ver hasta tornarla a señorear, y que con la ayuda de Dios que presto lo pondríamos por la obra.

Dejemos estas pláticas y romances, pues no estábamos en tiempo de ellos, y digamos cómo se tomó parecer entre nuestros capitanes y soldados si daríamos una vista a la calzada, pues estaba tan cerca de Tacuba, donde estábamos, y como no había pólvora ni muchas saetas y todos los más soldados de nuestro ejército heridos, acordándonos que otra vez había poco más de un mes que, pasando Cortés les probó entrar en la calzada con muchos soldados que llevaba, estuvo en gran peligro, porque temió ser desbaratado, como dicho tengo en el capítulo pasado que de ello habla, y fue acordado que luego nos fuésemos nuestro camino por temor no tuvIésemos en ese día o en la noche alguna refriega con los mexicanos, porque Tacuba está muy cerca de la gran ciudad de México y con la llevada que entonces llevaron vivos los soldados, no envíase Guatemuz sus grandes poderes. Y comenzamos a caminar y pasamos por EscapuzaIco, y hallámosle despoblado. Y luego fuimos a Tenayuca, que era gran pueblo, que solíamos llamar el pueblo de las sierpes; ya he dicho otra vez en el capítulo que de ello habla que tenía tres sierpes en el adoratorio mayor en que adoraban, y las tenían por sus ídolos, y también estaba despoblado.

Y desde allí fuimos a Cualtitán, y en todo este día no dejó de llover muy grandes aguaceros; y como íbamos con nuestras armas a cuestas, que jamás las quitábamos de día ni de noche, y de la mucha agua y del peso de ellas íbamos quebrantados y llegamos ya que anochecía (a) aquel gran pueblo, y también estaba despoblado, y en toda la noche no dejó de llover, y había grandes lodos, y los naturales de él y otros escuadrones mexicanos nos daban tanta grita de noche desde unas acequias y partes que no les podíamos hacer mal, y como hacía muy oscuro y llovía, ni se podían poner velas ni rondas, y no hubo concierto ninguno ni acertábamos con los puestos. Y esto digo porque a mí me pusieron para velar la Prima, y jamás acudió a mi puesto ni cuadrillero ni rondas, y así se hizo en todo el real. Dejemos de este descuido, y tornemos a decir que otro día fuimos camino de otra gran poblazón, que no me acuerdo el nombre, y había grandes lodos en él, y hallámosla despoblada. Y otro día pasamos por otros pueblos y también estaban despoblados.

Y otro día llegamos a un pueblo que se dice Acolman, sujeto de Tezcuco; y como supieron en Tezcuco cómo íbamos salieron a recibir a Cortés, y hallamos muchos españoles que habían venido entonces de Castilla, y también vino a recibirnos el capitán Gonzalo de Sandoval con muchos soldados, y juntamente el señor de Tezcuco, que ya he dicho que se decía don Fernando, y se hizo a Cortés buen recibimiento, así, de los nuestros como de los recién venidos de Castilla, y mucho más de los naturales de los pueblos comarcanos, pues trajeron de comer; y luego esa noche se volvio Sandoval a Tezcuco con todos sus soldados a poner en cobro su real. Y otro día por la mañana fue Cortés con todos nosotros camino de Tezcuco, y como íbamos cansados y heridos y dejábamos muertos nuestros soldados y compañeros y sacrificados en poder de los mexicanos, en lugar de descansar y curar nuestras heridas, tenían ordenada una conjuración ciertas personas de calidad de la parcialidad de Narváez de matar a Cortés y a Gonzalo de Sandoval y a Pedro de Alvarado y Andrés de Tapia. Y lo que más pasó diré adelante.